Ellos del mundo son, su voz mundana,
resuena en la tierra, clara y temprana.
Mas quien del cielo es, oye al Señor,
y sigue su paso con santo fervor.
Somos de Dios, por gracia y por fe,
su voz nos llama, nos guía, nos ve.
El alma que le ama escucha su voz,
y canta en la luz del eterno Dios.
Mas quien no es suyo, no quiere oír,
prefiere la sombra, se aleja al partir.
Así discernimos, con santo saber,
el espíritu fiel y el que hace caer.
Oh Espíritu Santo, verdad y paz,
purifica el alma, no mires atrás.
Que caiga el error, que brille tu luz,
y sigamos al Cristo, camino y cruz.

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